Imprimo lazos, vanos consuelos, creencias ciegas. Mis "no concibo", mis amuletos. Certezas cálidas, atemporales, que me seguirán apuntillando al suelo aunque mi vida se tambalee.
Elevo a las personas más especiales al concepto de símbolo. Las eternizo, pensando que caminarán por siempre a mi lado. No hay sitio para el dolor o la adversidad en mi visión feliz. Asumo y me repito a mi misma que mis amuletos siempre estarán a salvo. De alguna forma es el consuelo de sentir, que pese a que haya cicatrices en mi vida, ellos son mi suspiro ligero, mi isla calma entre la tempestad.
Me niego a tener que descubrir a que me agarraré si se van, si dejan de ser cómo los soñé. Si sucumben y se reducen a rescoldos. Tengo miedo a que se desmoronen, pero no me dejo vencer por la realidad. Por qué para mi no son de otra manera que como están idealizados en mi mente. Han dejado una huella que ni ellos mismos podrán borrar.
Me niego a tener que descubrir a que me agarraré si se van, si dejan de ser cómo los soñé. Si sucumben y se reducen a rescoldos. Tengo miedo a que se desmoronen, pero no me dejo vencer por la realidad. Por qué para mi no son de otra manera que como están idealizados en mi mente. Han dejado una huella que ni ellos mismos podrán borrar.
Los símbolos sobreviven a lo material. Se adhieren a nosotros y nos perfilan, como parte de nuestra personalidad. En cierto modo, son eternos, mientras haya alguien que decida mantenerlos encendidos.
Únicamente me arrodillo a mis símbolos. Me sobra la cruz.
Mientras desnudo el ruido de mi mente
saber que estás ahí me hace más fuerte...
y en la distancia de este mundo incierto,
yo saludo a mi suerte.
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