viernes, 15 de febrero de 2013

Un parte de mí

Madrid, Madrid, Madrid. La patria materna. Niñez guardada de días de estío. Mi sueño, mi promesa para ti. Madurez que reescribe lugares. Escenario de lecciones, y de nuevas experiencias.



El parque donde aprendí a andar, testigo de paseos de madre, hija y nieta. Las comidas en familia, los madrugones de carretera y manta. La estación, apostada con mirada desafiante, como insignia del reencuentro y del retorno. Y cientos de retazos más de vida anterior.

Un lugar para ser un destello entre el océano. La ciudad que abraza, formada a partir de piezas de distintas épocas y vivencias, cada una con un encanto particular. Grandeza hasta donde alcanza la vista.

Eres esa lágrima que mi madre asoma, aunque ya no seas la misma, por los pasos que no volverán a ser dados sobre tu asfalto. Pero sigues siendo esencia, esa que late y agarra en un acto de rebeldía, como llamándote. Para decir que juegues una vez más a hundirte en su corazón.


Me ganaste.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Cobre trenzado

Tus deseos de huir me hacen sentir impotente. No te puedo brindar lo que ansías desde lo más profundo de tu corazón. Sólo te puedo ayudar con palabras inútiles, gastadas, rehechas una y otra vez, para hacerte olvidar al menos unos instantes esa mano fría que aprisiona tu aliento, o quizás para arrojar un poco de luz. Demasiados frentes abiertos, demasiados eternos retornos sin respuesta.

Aguanto días y días sin oír tu voz, hasta que me ahogo de sed. La calmo con una tranquilidad desamparada, limitándome a asentir mientras intentas hacerme testigo, como si nunca me hubiese ido. Te imagino con tintes azules y una expresión cansada. Las conversaciones ligeras son cada vez más infrecuentes, a menudo cotidianas y monocordes, que se escapan del guión.

Finalmente nos cansamos, nos quedamos con un poco de tristeza ajena, y en el silencio de la incertidumbre se escapa un leve suspiro, eco de otro lejano. Fin de la conexión, tú a tu vida, y yo a la mía...