viernes, 23 de diciembre de 2011

Corazón de Piedra

Te veo. Aunque no lo creas. Puedo contar tus latidos cautivos. La vida es dura para ti. Te entiendo, y comparto parte de tu dolor. Permanezco muda con miedo a expresar la verdad que revolotea entre nuestras cabezas. No necesitamos que nadie formalice la soledad o el miedo en voz alta. Solo me quedo aquí abrazada a ti como hace no tanto tiempo, y nuestra respiración lo dice todo por nosotras. Dejamos pasar los segundos simplemente e intentamos cubrir pobremente ese vacío en el pecho. Después me aparto de ti y suelto una broma fácil. El ambiente se relaja y la niebla que nos anestesia vuelve a aparecer.

Suspiras con los ojos vidriosos, huyo de tu mirada. La realidad sigue retorciéndose en todo nuestro ser. Pero la enterramos un poquito más.




 Nuestras palabras nunca serán libres.

lunes, 31 de octubre de 2011

Dualidad

Aquí estamos, con nuestras soledades complementarias que nunca se podrán unir. Siempre existirá esa barrera entre tú y los demás, ese algo que solo tú sabrás. Ambos sabemos que es imposible darle toda tu intimidad a alguien. Siempre habrá algo oculto, y es algo tan insalvable como tus rasgos ineludibles.

Deseo correr a tu lado pero mis labios se paralizan. Y no solo hacía tí. Y tu pensarás, para que sirve ser sinceros entre nosotros, si tú conoces tu verdad, y yo puedo adivinarla en tu mirada, en todo lo que ocultas, esas metas enterradas, esos muros, esas fronteras que de alguna forma nos definen. Quizá a lo único que tengamos miedo es a ser auténticos, profundos y trascendentales. O no queremos aceptar que somos humanos y tenemos limitaciones emocionales. Que no podemos controlar nuestra propia vida.

Vamos sumando ausencias por latidos, unas veces tú, otras yo. A veces no conseguimos llegar al mismo punto a la vez. Cosas de la distancia y del silencio.



Otras veces, hay una pequeña fisura en tu muro infranqueable, y me dejas mirar más allá de tus ojos. Me sonrío a mi misma. Por hoy es suficiente.

martes, 4 de octubre de 2011

Lazo de unión


¿Que es lo que te hace grande? ¿Qué es lo que hace que mi mente esté atada a tu nombre? Seguro que hay una razón, sí. Seguro que cada vez que intento guardarte en una cajita, haces que vuelva corriendo a por ti. Porque a personas como tu no se las puede olvidar. Porque eres ese manto que me arropa cuando los días me pesan y solo tengo ganas de cerrar los ojos y huir. Alguien que me acepta tal y como soy, con mis miedos, con mis grandes defectos. Y aún así atraviesa el mapa solo para hacerme sonreir de nuevo.

Y tal vez mi imaginación no deje de colocarte en escenas imaginarias y mi mente vuele contigo, a un presente anestesiante y reconfortante, y en mis sueños te pida más de lo que me puedas dar. Entonces me haces cruzar la frontera prohibida para luego volver.

En este mundo lleno de casualidades e incertidumbre, puedes tener la gran suerte de encontrarte con más de una persona así. Cada una con un matiz diferente, pero siempre imprescindible.
Por favor no huyas de mí, por que yo nunca lo haré. (I could never run away from you)

domingo, 25 de septiembre de 2011

(11 de Septiembre de 2011)

Lo único que puedo pensar es en esa maldita brújula, que siempre señala el momento de partir.

El norte que te lleva al final de cada etapa. Cierro los ojos y pienso en mis sombras que se ríen en vidas de papel, que forjan su vida en el subjuntivo y rozan el ideal, mientras yo vivo mi propia transición. Una transición que me parece ajena, como de una vida anterior. Esa imperfecta vida anterior.

Y mientras me alejo de mi sinfonía inacabada, de todos esos planes sin cumplir, no paro de pensar en todo lo que dejo en un punto y aparte.