Nos balanceamos en un borrón. Aprendemos a no vivir de los destellos, a falta de olvido. Cuidadosa técnica que forjamos a cada instante, velando los fotogramas que conforman el paisaje que dejamos allá lejos, en una vaga ilusión de renacer en parte.
Una tenue brisa gris lo inunda todo. Resplandecen pequeños vestigios que apenas consigo retener. Lo trascendental se derrumba al caer el sol. Ya no hay sitio para héroes de otro tiempo. Casi no paro a pensar lo que fui y no seré, mi niñez, los surcos perennes, la razón de mis pasos. Ni si quiera un pasado cercano. Y si ya no me evoco, me encuentro más mundana, más presente, y más ausente de mí. Tan serena y calmada, no encuentro el momento ni el motivo. Por que la vida es apenas un latido, apenas un parpadeo. Y no me lo quiero perder. Es lo único que nos pertenece realmente.