Ahogándonos en nuestra propia imperfección, profesamos lealtad a la doble moral. Bailamos el tango falaz, escondiéndonos tras grotescas máscaras de carnaval. Esbozando una sonrisa felina y canalla.
Jugamos a encontrar al inocente y al verdugo. No dudamos en ejecutar juicios de filo de navaja. Ingenuos, pensamos que con una sola conciencia basta. Que todo se reduce a cara o cruz. Como si fuésemos autómatas planos que se tropiezan unos con otros. Nos infectamos de indolencia si alguien nos abofetea con un ataque de sinceridad o de culpa ante algo a lo que nuestra aparente perfección no nos dejaría caer.
Y sin embargo, tras la máscara, navegamos en la idea feliz de que el arrepentimiento lo cura todo, escudándonos detrás del perdón, diluyendo nuestra culpa en halagos, justificando nuestros actos. A veces incomprensibles hasta para nosotros mismos.
Átalas, átame. Rebúscalas, retuércelas. Dales mil sentidos. Al fin y al cabo, siguen siendo palabras. Baila, baila...
domingo, 19 de mayo de 2013
jueves, 2 de mayo de 2013
"Simbolista"
Imprimo lazos, vanos consuelos, creencias ciegas. Mis "no concibo", mis amuletos. Certezas cálidas, atemporales, que me seguirán apuntillando al suelo aunque mi vida se tambalee.
Elevo a las personas más especiales al concepto de símbolo. Las eternizo, pensando que caminarán por siempre a mi lado. No hay sitio para el dolor o la adversidad en mi visión feliz. Asumo y me repito a mi misma que mis amuletos siempre estarán a salvo. De alguna forma es el consuelo de sentir, que pese a que haya cicatrices en mi vida, ellos son mi suspiro ligero, mi isla calma entre la tempestad.
Me niego a tener que descubrir a que me agarraré si se van, si dejan de ser cómo los soñé. Si sucumben y se reducen a rescoldos. Tengo miedo a que se desmoronen, pero no me dejo vencer por la realidad. Por qué para mi no son de otra manera que como están idealizados en mi mente. Han dejado una huella que ni ellos mismos podrán borrar.
Me niego a tener que descubrir a que me agarraré si se van, si dejan de ser cómo los soñé. Si sucumben y se reducen a rescoldos. Tengo miedo a que se desmoronen, pero no me dejo vencer por la realidad. Por qué para mi no son de otra manera que como están idealizados en mi mente. Han dejado una huella que ni ellos mismos podrán borrar.
Los símbolos sobreviven a lo material. Se adhieren a nosotros y nos perfilan, como parte de nuestra personalidad. En cierto modo, son eternos, mientras haya alguien que decida mantenerlos encendidos.
Únicamente me arrodillo a mis símbolos. Me sobra la cruz.
Mientras desnudo el ruido de mi mente
saber que estás ahí me hace más fuerte...
y en la distancia de este mundo incierto,
yo saludo a mi suerte.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)