Cerca del principio, nos desconocemos. Parpadeamos en una versión de nosotros que me es imposible de encajar, tan frágil al silencio. Visto la ausencia de traición y retuerzo mis noches de luna prófuga entre insomnio y apatía.
Arrugo las palabras que se quedaron en la simple intención, aquellas a las que no supimos llegar. Podrían haber sido más que aire y halagos, pero ya no importa. Las dejo volteando en el asfalto, con un retazo de mí, pisoteado, releído, repensado.
Me sueño, me busco, me espero. Una sonrisa sencilla y humilde se posa en mi inconsciencia. Ya no necesito que entiendan mis razones, ni que miren con mis ojos. Decido que está fuera de mi alcance pedir que me quieran como yo necesito. Y por una breve fracción de vida olvido lo que ansío y no encontré, la parte de vida que me falta, mi oasis, mi redención.
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