Ahora que sé que te he perdido, me desgarro. Ahora que intuyo, que quizás jamás te tuve.
Me despido, en esta secreta ausencia. Ya no existimos como tal. Brillamos en otra vida, otro mundo, ya marchito, bajo un cielo que me martillea como lluvia de otoño. Ofensivo frío, justo, sincero. Afilado. Reconfortante.
Sé que no te volveré a ver, cegada en rencores de promesas baldías. No seré capaz de ver mi paz en ti, ni el amor que latía a medio tempo en un deseo de ser lo que me arrase y me desarme. No serás espejismo de fiel compañía. Tus palabras nos abandonaron, y derribaron la imagen, el símbolo de algo excepcional, que asociaba a ti.
No podré perdonar situarte en el margen, junto aquellos que me enseñaron el desamparo y lo superficial. Sé que no seré capaz de ver en ti más que frío y ausencia. Que no es más, que un reflejo de la mía.
Ya no eres, ya no soy.