Con el latido contenido, exhalo un salto al vacío. Atravieso la compleja maraña telón y me adentro en la verdad, solitaria y taciturna, paciente y firme.
En una mezcla de coraje e ignorancia, la dejo salir. No importa como la cure ante mí, o ante ti, seguirá clamando incendiaria, trazando otra línea roja en mi camino. Convirtiéndome en algo menos de la mitad de un veintiséis. Paralizando el tempo, hasta que sonría finalmente a mi favor.
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