Te veo. Aunque no lo creas. Puedo contar tus latidos cautivos. La vida es dura para ti. Te entiendo, y comparto parte de tu dolor. Permanezco muda con miedo a expresar la verdad que revolotea entre nuestras cabezas. No necesitamos que nadie formalice la soledad o el miedo en voz alta. Solo me quedo aquí abrazada a ti como hace no tanto tiempo, y nuestra respiración lo dice todo por nosotras. Dejamos pasar los segundos simplemente e intentamos cubrir pobremente ese vacío en el pecho. Después me aparto de ti y suelto una broma fácil. El ambiente se relaja y la niebla que nos anestesia vuelve a aparecer.
Suspiras con los ojos vidriosos, huyo de tu mirada. La realidad sigue retorciéndose en todo nuestro ser. Pero la enterramos un poquito más.
Nuestras palabras nunca serán libres.