sábado, 26 de mayo de 2012

¿Hasta qué punto somos dueños de nuestro destino?

¿La personalidad se adquiere o se hereda? En ese caso, resultaría un tanto decepcionante, porque sería parte de un destino del que no podemos eludir. ¿Quién tiene la culpa de nuestros grandes defectos? ¿Podemos, o debemos, responsabilizar a alguien que no seamos nosotros de nuestra propia conducta? ¿Y de los fracasos, ideas preconcebidas y desengaños? ¿Nos engañaron desde pequeños enseñándonos su porción de realidad? Nos inculcaron unos principios que aceptamos sin rechistar, pero ahora nos damos cuenta que quizá no sean tan correctos como nos hicieron pensar. Y somos responsables de moldearlos. ¿Realmente tenemos el derecho de recriminar los de los demás?

 

Todos somos seres imperfectos. Pero no, eso no es excusa...

No hay comentarios:

Publicar un comentario